martes, 14 de junio de 2016

La Investigación - Capítulo 6

Capítulo 6
Una mañana dominical movidita.

           La consecuencia directa de trasnochar los sábados es que se pegan las sábanas los domingos y se acortan las mañanas.

        Me hubiera gustado practicarlo aquel domingo, pero despierto no aguanto en la cama, y a las siete de la mañana ya teníamos en danza a Marcel, que mientras se duchaba cantaba, a voz en grito, la canción que había puesto de moda Zaz:
“Estoy harta de buenos modales,
no es para mí;
yo como con las manos,
usted perdone, soy así.
¡Quiero el amor, la diversión, el buen humor!
No es tu dinero que me hará feliz,
quiero morir con la mano en el corazón.
Vamos, juntos,
a descubrir mi libertad,
olvidemos todos los clichés,
¡Bienvenido a mi realidad!”



       Tenían estado de excepción en el Museo, que continuaba cerrado para el público a causa de la posible inundación, y le tocaba continuar con el traslado de los objetos almacenados en los sótanos a pisos superiores. 

          Me encontré con él en la cocina, estaba preparando café y se sentía de buen humor…
        - Lo que es la vida, Juan -me saludó-, en vez de irme a la manifestación contra la reforma laboral, como tenía pensado, me tengo que ir a trabajar por culpa del Sena: lo que fluye por causas naturales me impide seguir la naturaleza de lo que fluye por mi mente -bromeó.
        - Y con el  escándalo que armas impides a los demás que podamos continuar fluyendo por las aguas soñolientas de Morfeo -le seguí la chanza.
           - Así tendrás tiempo para investigar sobre mi descubrimiento “papirográfico”.
        - Al que estás dando una importancia que es más que probable de la que carezca. El hecho de que el soporte de la escritura sea un papiro no  es determinante de que tenga una gran antigüedad, aunque fue de uso  casi exclusivo hasta el siglo V, continuó empleándose coexistiendo con el pergamino hasta bien entrada la Baja Edad Media, y aún hoy en día se sigue fabricando, ya con un carácter más bien de comercialización artístico-decorativa, del tipo de los suvenires turísticos…
        - ¿Y lo de las tres columnas?
        - Tienes un buen cacao en el coco, Marcel, y me siento un poco culpable por darle tanto énfasis a las cosas que te cuento, saltando de acá para allá, sobre mis investigaciones; el de las tres columnas es un texto, desaparecido, en el que se debió basar Taciano, en el siglo II, para elaborar su Diatessaron o Concordancias, en el que unifica los cuatro evangelios para su uso litúrgico, una columna sería una mezcla de los de Mateo, Lucas y Marcos; otra el de Juan y una tercera de una fuente diferente que se denomina "Q", y que sería un escrito atribuido a María Magdalena...
     - Pues eso es lo que tenemos en nuestras manos -lleno de optimismo.
        - ¿No te parece que sería demasiado en doce cuartillas?
       - Pues una parte -sin cejar en su empeño-. Me quedé patidifuso cuando te publicaron aquel ensayo en la revista de Historia del National Geographic: "Las Cinco Sectas Judías contemporáneas con Cristo", un título impactante...
     - ¡Buenos días, familia! -me interrumpió la alegre entrada de Rebecca, ya en traje de calle.
        - Otra que madruga -cambié el tema.
        - Me voy al hospital a amenizar la guardia de un amigo doctor -explicó.  
        - Idilio a la vista -bromeó Marcel.
        - Ni por sueño, sólo un buen amigo.
        - ¿Desayunas? -le pregunté.
        - Sólo tomaré un vaso de zumo de naranja, quiero mantener la línea -rebosante de salud la futura enfermera.

        Antes de irse, Marcel, me hizo prometer que le dedicaría algún tiempo a los papiros.
        -Tengo una amiga que estudia un Máster en Arqueología, y ellos tienen acceso a los análisis con Carbono 14, si logro localizarla le llevaré el original, porque esta semana voy a ir poco por La Sorbona, tengo tarea en la Biblioteca Nacional.

        Así era, tenía una cita con el “minúscula 16”, que es como se conoce una de las joyas de la Biblioteca de la calle Richelieu, un manuscrito bilingüe greco-latino en minúsculas (de ahí el curioso nombre), del Nuevo Testamento, en 361 hojas de pergamino, tamaño 31,6 x 25,2 centímetros, datado paleográficamente en el siglo XIV, que tiene notas marginales completas y fue preparado para su uso litúrgico. Me había costado esperar un riguroso turno de varios meses, para acceder a su lectura en la sala de manuscritos del magnífico edificio construido por Henri Labrouste en 1868, obra maestra de la llamada arquitectura de "Bellas Artes", con sus preciosas y esbeltas columnas de hierro fundido, y no era como para desaprovechar la oportunidad.


        Para hacer tiempo, hasta que fuera una hora prudente para poder llamar por teléfono, sin temor a despertarla, a mi amiga búlgara, Tsepsa, me entretuve sacando copias de las 12 fotografías de los papiros, que envío Marcel. Curioso el número, doce, como los apóstoles. Curiosa también la forma en que se interpretan las religiones, el padre de Tsepsa era pope, cuestión que me sorprendió cuando me lo contó, luego me explicó que para poder administrar los sacramentos en la iglesia ortodoxa búlgara hay que estar casado, justo al contrario que en la católica, en la que es obligatorio el celibato. Tal vez por eso, la señal de la cruz se hace de manera invertida en una y otra. Y la religión musulmana tampoco es ajena a las contradicciones, entre la mística de los sufís y la violencia gratuita de ISIS, hay tanta diferencia como va del día a la noche. 
      
         Danzar como un derviche hasta caer en trance tampoco me hubiera importado por mi amiga, porque tiene una prestancia que se merece cualquier acto, por loco que parezca, es de una belleza morena grande y expansiva, como de una fruta en sazón a punto de estallar por su dulzura…
        
           Sin saber muy bien por qué también metí en la carpeta que le llevaba, junto con el papiro original, las copias que había hecho. El instinto de protección es así de absurdo, pero, a menudo, da buenos resultados…

        En el bistró del Barrio Latino, en que habíamos quedado citados, llevaríamos una hora larga hablando, más de lo humano que de lo divino, y hasta me había olvidado de que tenía pendiente la elaboración de una paella, cuando sonó mi móvil.
        - Ven lo más rápido que puedas ha ocurrido un desastre -la voz asustada de Rebecca pedía auxilio desde la rue Franklin.


                                                                              (Continuará) 

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