Capítulo 6
Una mañana dominical
movidita.
La consecuencia directa de trasnochar
los sábados es que se pegan las sábanas los domingos y se acortan las mañanas.
Me hubiera gustado practicarlo aquel
domingo, pero despierto no aguanto en la cama, y a las siete de la mañana ya
teníamos en danza a Marcel, que mientras se duchaba cantaba, a voz en grito, la
canción que había puesto de moda Zaz:
“Estoy
harta de buenos modales,
no
es para mí;
yo
como con las manos,
usted
perdone, soy así.
¡Quiero
el amor, la diversión, el buen humor!
No
es tu dinero que me hará feliz,
quiero
morir con la mano en el corazón.
Vamos,
juntos,
a
descubrir mi libertad,
olvidemos
todos los clichés,
¡Bienvenido
a mi realidad!”
Tenían estado de excepción en
el Museo, que continuaba cerrado para el público a causa de la posible
inundación, y le tocaba continuar con el traslado de los objetos almacenados en
los sótanos a pisos superiores.
Me encontré con él en
la cocina, estaba preparando café y se sentía de buen humor…
- Lo que es la vida, Juan -me saludó-,
en vez de irme a la manifestación contra la reforma laboral, como tenía
pensado, me tengo que ir a trabajar por culpa del Sena: lo que fluye por causas
naturales me impide seguir la naturaleza de lo que fluye por mi mente -bromeó.
- Y con el escándalo que armas impides a los demás que
podamos continuar fluyendo por las aguas soñolientas de Morfeo -le seguí la
chanza.
- Así tendrás tiempo para investigar
sobre mi descubrimiento “papirográfico”.
- Al que estás dando una importancia que
es más que probable de la que carezca. El hecho de que el soporte de la
escritura sea un papiro no es
determinante de que tenga una gran antigüedad, aunque fue de uso casi exclusivo hasta el siglo V, continuó empleándose
coexistiendo con el pergamino hasta bien entrada la Baja Edad Media, y aún hoy
en día se sigue fabricando, ya con un carácter más bien de comercialización
artístico-decorativa, del tipo de los suvenires turísticos…
- ¿Y lo de las tres columnas?
- Tienes un buen cacao en el coco, Marcel, y me siento un poco culpable por darle tanto énfasis a las cosas que te cuento, saltando de acá para allá, sobre mis investigaciones; el de las tres columnas es un texto, desaparecido, en el que se debió basar Taciano, en el siglo II, para elaborar su Diatessaron o Concordancias, en el que unifica los cuatro evangelios para su uso litúrgico, una columna sería una mezcla de los de Mateo, Lucas y Marcos; otra el de Juan y una tercera de una fuente diferente que se denomina "Q", y que sería un escrito atribuido a María Magdalena...
- Pues eso es lo que tenemos en nuestras manos -lleno de optimismo.
- ¿No te parece que sería demasiado en doce cuartillas?
- Pues una parte -sin cejar en su empeño-. Me quedé patidifuso cuando te publicaron aquel ensayo en la revista de Historia del National Geographic: "Las Cinco Sectas Judías contemporáneas con Cristo", un título impactante...
- ¿Y lo de las tres columnas?
- Tienes un buen cacao en el coco, Marcel, y me siento un poco culpable por darle tanto énfasis a las cosas que te cuento, saltando de acá para allá, sobre mis investigaciones; el de las tres columnas es un texto, desaparecido, en el que se debió basar Taciano, en el siglo II, para elaborar su Diatessaron o Concordancias, en el que unifica los cuatro evangelios para su uso litúrgico, una columna sería una mezcla de los de Mateo, Lucas y Marcos; otra el de Juan y una tercera de una fuente diferente que se denomina "Q", y que sería un escrito atribuido a María Magdalena...
- Pues eso es lo que tenemos en nuestras manos -lleno de optimismo.
- ¿No te parece que sería demasiado en doce cuartillas?
- Pues una parte -sin cejar en su empeño-. Me quedé patidifuso cuando te publicaron aquel ensayo en la revista de Historia del National Geographic: "Las Cinco Sectas Judías contemporáneas con Cristo", un título impactante...
- ¡Buenos días, familia! -me interrumpió
la alegre entrada de Rebecca, ya en traje de calle.
- Otra que madruga -cambié el tema.
- Me voy al hospital a amenizar la
guardia de un amigo doctor -explicó.
- Idilio a la vista -bromeó Marcel.
- Ni por sueño, sólo un buen amigo.
- ¿Desayunas? -le pregunté.
- Sólo tomaré un vaso de zumo de
naranja, quiero mantener la línea -rebosante de salud la futura enfermera.
Antes de irse, Marcel, me hizo
prometer que le dedicaría algún tiempo a los papiros.
-Tengo una amiga que estudia un Máster
en Arqueología, y ellos tienen acceso a los análisis con Carbono 14, si logro
localizarla le llevaré el original, porque esta semana voy a ir poco por La Sorbona,
tengo tarea en la Biblioteca Nacional.
Así era, tenía una cita con el “minúscula
16”, que es como se conoce una de las joyas de la Biblioteca de la calle
Richelieu, un manuscrito bilingüe greco-latino en minúsculas (de ahí el curioso
nombre), del Nuevo Testamento, en 361 hojas de pergamino, tamaño 31,6 x 25,2
centímetros, datado paleográficamente en el siglo XIV, que tiene notas
marginales completas y fue preparado para su uso litúrgico. Me había costado
esperar un riguroso turno de varios meses, para acceder a su lectura en la sala
de manuscritos del magnífico edificio construido por Henri Labrouste en 1868, obra maestra de la llamada arquitectura de "Bellas Artes", con sus preciosas y esbeltas columnas de hierro fundido, y no era como para desaprovechar la oportunidad.
Para hacer tiempo, hasta que fuera una
hora prudente para poder llamar por teléfono, sin temor a despertarla, a mi
amiga búlgara, Tsepsa, me entretuve sacando copias de las 12 fotografías de los
papiros, que envío Marcel. Curioso el número, doce, como los apóstoles. Curiosa
también la forma en que se interpretan las religiones, el padre de Tsepsa era
pope, cuestión que me sorprendió cuando me lo contó, luego me explicó que para
poder administrar los sacramentos en la iglesia ortodoxa búlgara hay que estar
casado, justo al contrario que en la católica, en la que es obligatorio el
celibato. Tal vez por eso, la señal de la cruz se hace de manera invertida en
una y otra. Y la religión musulmana tampoco es ajena a las contradicciones,
entre la mística de los sufís y la violencia gratuita de ISIS, hay tanta diferencia
como va del día a la noche.
Danzar como un derviche hasta caer en trance tampoco
me hubiera importado por mi amiga, porque tiene una prestancia que se merece
cualquier acto, por loco que parezca, es de una belleza morena grande y
expansiva, como de una fruta en sazón a punto de estallar por su dulzura…
Sin saber muy bien por qué también metí
en la carpeta que le llevaba, junto con el papiro original, las copias que
había hecho. El instinto de protección es así de absurdo, pero, a menudo, da
buenos resultados…
En el bistró del Barrio Latino, en que habíamos
quedado citados, llevaríamos una hora larga hablando, más de lo humano que de
lo divino, y hasta me había olvidado de que tenía pendiente la elaboración de una
paella, cuando sonó mi móvil.
- Ven lo más rápido que puedas ha
ocurrido un desastre -la voz asustada de Rebecca pedía auxilio desde la rue
Franklin.
(Continuará)


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