domingo, 12 de junio de 2016

La Investigación - Capítulo 5

Capítulo 5
Una visita inesperada.


        “Si es verdad que Jesús de Nazaret, según expresan los Evangelios de Mateo y de Lucas nació siendo rey Herodes el Grande, nació al menos cuatro años antes de que comenzara nuestra era, es decir, antes del nacimiento de Jesús-Cristo, que es lo que la marca. Si en el año 34 tenemos a Saulo participando en la lapidación de san Esteban, aunque sólo sea a nivel de guardar la ropa de los ejecutores, es raro que tan sólo un año antes no tuviera algún tipo de participación cuando se lió la de “Dios es Cristo”, ya que militaba en una de las facciones más radicales de los ortodoxos, la de los fariseos. Dos hipótesis pueden plantearse al respecto, bien que no quisiera señalarse tanto una vez que cambio de bando o que lo acaecido en la Pascua anterior era de uso tan corriente por aquellas fechas que también podía haber acaecido de similar forma cinco años antes…”, en éstas o similares elucubraciones me encontraba mientras escuchaba música clásica, la Sinfonía nº 2, “Resurrección” de Mahler, ya pasadas las once de la noche.

        Poco le había durado el apasionamiento por los papiros a Rebecca, cuando vio que todos eran similares: tres columnas de palabras escritas en griego… se fue a su habitación a preparar un trabajo que debía presentar el lunes. Yo tampoco me entretuve demasiado con ellos, mis conocimientos de griego tampoco son tan profundos como para leer de corrido y seguro que en la precipitación Marcel había enviado los correos desordenados, era para tomarse su tiempo, y también tenía pendientes varios temas y lecturas relacionados con mi tesis universitaria.


        Ya pensaba que Marcel había cambiado de idea y, pasando también del tema de los papiros, se había ido de copas, cuando sentí voces en el descansillo. El compañero venía, pero no venía solo.
        En efecto, le acompañaba una mujer rubia y robusta, de unos treinta y pico años de edad.
        - La subinspectora Michèlle Puerta -me la presentó, Marcel, y me quedé estupefacto. Notando mi amigo que me había cambiado la color, se apresuró a explicar: -No te alarmes, los papiros han vuelto a desaparecer, y les he ofrecido la copia que te envíe, porque ya había borrado las fotos del móvil…
        - ¿Cómo? -seguía sin reaccionar.
        - Como si se los hubiera tragado la tierra, luego te explico.
        - ¿Qué pasa? -entró Rebecca en el salón 

    Michèlle insistía en que no estaba de servicio y en que la tuteáramos. De camino habían comprado unos croissants en la panadería de la esquina, recién hechos, así que venía de la mano confraternizar ante unas humeantes tazas de café con leche, la humedad de las lluvias tan continuadas de los últimos días dejaba también en el interior de las casas un ambiente desapacible, y qué mejor que entonarse por dentro para tener sensaciones más positivas.

        Tal y cómo lo hacía sospechar su apellido, su padre era emigrante, procedente de Toledo, y nuestro común afecto a esa maravillosa ciudad fue un motivo más para que la relación se hiciera pronto más fluida. ¡Poco nos podíamos imaginar, cuando hablábamos de la belleza del claustro de San Juan de los Reyes y de la pureza de líneas de la Sinagoga de Santa María la Blanca, que muy pronto circunstancias relacionadas con lo que nos había reunido aquella noche nos iban a hacer viajar hasta allí!


        - En realidad la importancia para mí de tener copia de los papiros es relativa -explicaba Michèlle-, para hacer mi informe tanto me da, porque la búsqueda de los originales, en el caso de que su investigación interese en la Prefectura, pasará a manos de una sección específica que se dedica a ese tipo de casos, yo estoy más bien para las urgencias, acudir a los requerimientos de los usuarios para dar una primera evaluación del tema que se trate: un hurto, un asesinato, violencia de género y un largo etcétera, mis galones por el momento no dan para más. Pero si puedo aportar una muestra de lo que tienen que buscar tanto mejor, facilitaré la tarea…

        Era guapa la subinspectora, tenía unos ojos grandes de un azul muy claro, como lagos de agua cristalina, y ,aunque sus facciones eran un tanto angulosas, lo que indicaría una ascendencia teutona, no era de extrañar que el bueno de Marcel se hubiera quedado prendado de ella, su carácter era un tanto enamoradizo, poniendo en peligro su puesto de trabajo, porque yo no estaba muy al corriente sobre la legislación que existía en el Museo con respecto al trato confidencial con que se debía tratar la documentación allí guardada, pero me daba que sacar información sin estar autorizado podía ser causa de algún tipo de penalización.

        - Voy a imprimir una copia de cualquiera de ellos y así vemos de que tratan -me ofrecí-, lo que no tengo ni idea es del tamaño que tienen.         
         - Podría ser como una cuartilla, o así -especuló Marcel.
     - Son muy aburridos, todos iguales y sin dibujos -intervino Rebecca.
        - Como ya te comenté por teléfono, lo que me llamó la atención es que estuvieran escritos los textos griegos en tres columnas, como me contaste que estaban en aquel evangelio…
        - Hay muchos motivos por los que se pueden ordenar los textos por columnas, es muy posible que estos papiros ni siquiera tengan por qué estar relacionados con un tema religioso.
        - Tanto me da a mí el tema sobre el que versen -afirmó Michèlle-, en fin un maldito embrollo en el que nos ha metido el tipejo ese del Patronato, sin lugar a dudas por exceso de celo en sus funciones, a no ser -especuló-, que tuviera un conocimiento previo sobre su existencia, porque se le notaba muy nervioso, demasiado nervioso, diría yo…
        - En cualquier caso las copias tampoco sirven de mucho, porque para poder tener una idea aproximada de cuando fueron escritos hay que tener los originales, y someterlos a una prueba con el carbono 14. Se los grabaré en un CD - y salí de la habitación.

          Ya era tarde y Michèlle no tardó en abandonarnos, Marcel la acompañó al portal. Cuando regreso me dijo:
        - Así que hace falta tener al menos un original para poder saber su antigüedad…
           - Claro, Marcel…
          - ¡Tachán!  -gritó, y bajándose un calcetín sacó un papiro que llevaba enrollado en la pantorrilla -. Arte de magia…

                                                               (Continuará) 







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