domingo, 5 de junio de 2016

La Investigación - Capítulo 1

Capítulo 1

Los caminos del Señor son inescrutables...

        Aquel cuatro de junio de 2016, había, en el primer sótano del Museo de Louvre, una actividad desenfrenada y caótica: el río Sena amenazaba con desbordarse y entrar a raudales por la Pirámide de acceso, la famosa construcción de vidrio y aluminio, diseño del arquitecto estadounidense de origen chino, Ieoh Ming Pei, inundando los dos sótanos, y arruinando los tesoros allí expuestos y almacenados.


      Mientras escuchaba la noticia en los informativos de la televisión, almorzándome unos espaguetis a la boloñesa, delicia culinaria que había preparado mi compañera de piso Rebecca, no podía imaginar de qué forma tan decisiva me iba a afectar a mí aquella situación, llegando hasta a poner en peligro mi vida, y la de mis compañeros de piso, a pesar de habitar en Montreuil, en la calle Franklin, hasta donde era difícil que llegara el agua del Sena, por mucho que se desbordara.

        Una beca Erasmus, unida a lo caro que son los alquileres en Paris, no da para mantener piso propio, y lo comparto con Rebecca, otra estudiante Erasmus, procedente de Florencia, que profundiza sus conocimientos de enfermería en el prestigioso Hospital Universitario Pitié-Salpêtrière, y con Marcel, un joven, gascón como D'Artagnan, que trabaja como mozo en el Louvre...

         La melodía de "El golpe", que tengo puesta como avisador en el móvil, llevaba ya un rato sonando cuando me decidí a limpiarme, con la servilleta, los labios, de la salsa de tomate y carne que enriquecía la pasta, y llevarme el aparato a la oreja.

          - No veas que "bomba" ha puesto el destino en mis manos para dar rienda suelta a tus ansias investigadoras... -era la voz de Marcel, siempre hablando con un deje misterioso, probable deformación profesional de vivir entre tanta antigualla.

           - Ten cuidado no te ahogues, que estoy viendo por la tele que el río no para de subir...

          - No tengas cuidado que yo sé nadar, las que no saben son estas momias que estamos meneando para subirlas al primer piso y librarlas del chapuzón... y de ahí, ha venido el regalo, moviendo un sarcófago, de un compartimento oculto se ha caído un rollo con papiros y... ¡admírate, en cada papiro están ordenados los textos griegos en tres columnas, como me contaste que estaban en el Evangelio de San Cuthbert!



         - El Evangelio de San Cuthbert está en latín -le aclaré.

         Mi obsesión por los textos antiguos es tan apasionada que con frecuencia me lleva a contaminar a cuantos me rodean con mis manías. Mi tesis doctoral, para la que he obtenido el Erasmus, versa sobre los textos con los que se ha construido el Nuevo Testamento, en realidad debía de haberla pedido para Londres, pues es en el Museo Británico donde se encuentran mayor cantidad de originales sobre el tema, entre ellos el Evangelio al que hacía referencia mi amigo, que es el libro europeo más antiguo que ha llegado a nuestras manos en un estado aceptable, pero París me atraía más y el prestigio de la Sorbona, no hay Universidad en el mundo que lo iguale.

        - Si está en griego será todavía más antiguo, eso al menos me contaste. Le he sacado fotos a todos los papiros, que hay unos cuantos, y casi se ha mosqueado conmigo el encargado que no hace más que apremiar para que nos demos prisa en recogerlo todo…

        - Ya me imagino, y tú que eres un hinchapelotas, que de haber nacido en las Españas, serías gallego…

        Le oí reírse al otro lado de la línea.

        - Bueno, te tengo que dejar. No salgas que en cuanto termine aquí, puede que sea tarde, porque lo quieren deja todo terminado hoy, voy para casa y descargamos las fotos en tu portátil.

        - No sé adónde voy a salir, lloviendo y sin un maldito chavo en el bolsillo. Cuídate, un abrazo.

        - Hasta luego, Lucas, jajajajaja -se despidió, por hacer el chiste con el lue y el luc, porque mi nombre es Juan.

        Con todo el trabajo que tenía preparado para el fin de semana y me venía el bueno de Marcel con esta nueva vaina. Era muy raro encontrar papiros descatalogados por ahí, los objetos que forman parte de los fondos de un Museo se observan una y mil veces, y se le dan vueltas por todos los lados. Muy extraño eso del compartimento secreto en el sarcófago, con todo lo que andaban moviendo por allí y la prisa que se daban, podía provenir de cualquier vitrina que se hubiera vaciado aquella misma mañana. En fin, sólo era cuestión de esperar el regreso de Marcel.

        Crujió la puerta de la calle y la cantarina voz de Rebecca se abrió camino por el pasillo.

        - ¿Hay alguien en casa?

                                                                              (Continuará)  





1 comentario:

  1. Nota del editor: El autor siempre se ha mostrado respetuoso con cualquier religión, porque un derecho fundamental del ser humano es la libertad de credo. Por otra parte, como le bautizaron de pequeño, es cristiano, y no considera a la Cristiandad como ningún tarro, posibilidad que pensó algún lector, sino como lo que es: uno de los pilares fundamentales de la civilización tal y como la entendemos en occidente, junto con la Democracia, herencia de los griegos, y la Justicia, herencia latina. Aclarado el tema, está escribiendo una obra de ficción, una novela, no reescribiendo la Biblia, por lo que inexactitudes de todo tipo: históricas, dogmáticas, interpretativas, etc., van a estar a la orden del día, en aras de la continuidad de la acción dramática y de la descripción de las peripecias humanas y sicológicas de los protagonistas: los tres supuestos inquilinos del apartamento en la calle Franklin, 25 de Paris.

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